El escritor y periodista Christopher Lloyd acerca la Carta Magna y las obras de Shakespeare a los niños en el Festival Literario de Gibraltar‏

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Quédense con este nombre: Christopher Lloyd. Es un tipo peligroso. Le basta una hora, un mural y una toga llena de bolsillos para despertar la curiosidad de los niños. De sus charlas salen oleadas de pequeños preguntones dispuestos a investigar el antes, el durante y el después de los acontecimientos. Si se emplea a fondo, podría incluso sembrar la semilla de algún futuro científico, historiador o defensor de las libertades. Tengan mucho cuidado porque este hombre hace pensar.

El Festival Literario Internacional Gibunco de Gibraltar[1] ofrece la oportunidad de asistir a sus charlas. Hasta el próximo domingo, Lloyd hablará sobre la Carta Magna, las obras de Shakespeare y la historia de la humanidad en varias sesiones.[2] Las conferencias son gratuitas, en inglés y se llevan a cabo en el centro cultural John Mackintosh, situado casi al final de Main Street, la calle principal de Gibraltar.

Lloyd no tiene nada nada que ver con un señor sentado delante de una mesa con proyecciones a su espalda. Al entrar en la sala verán a alguien con pinta de profesor al uso, pero no se dejen engañar, este señor hace magia. Siempre tiene un cronograma (‘timeline’ en inglés) a su espalda. Es un mural ilustrado en el que ordena por orden cronológico los acontecimientos que le sirven para contar sus historias y los relaciona entre sí. Es la máquina del tiempo en la que hace viajar a todos los asistentes. Abróchense los cinturones.

Como si hubiera pasado ayer

Lloyd ha editado cronogramas sobre diversos temas, con ilustraciones de Andy Forshaw. Uno de ellos es el que acompaña a sus charlas sobre la Carta Magna, que cumplió 800 años el pasado mes de junio. La obra es el resultado de una llamada telefónica. Al otro lado del teléfono alguien le preguntó: “¿Es usted el hombre que hace ‘timelines’?”. Lloyd respondió afirmativamente. A continuación recibió el encargo de hacer un cronograma sobre el tema en tiempo récord. El resultado se está distribuyendo de forma gratuita entre todas las escuela de primaria de Reino Unido.

Decir a los niños que la Carta Magna es un documento que puso fin levantamiento de los nobles ingleses contra la tiranía del rey Juan Sin Tierra de Inglaterra no es suficiente. Dicho así, se quedará en un dato más que quizá recuerden, pero que no les apasionará. Para hacerles comprender su importancia como punto de partida de los derechos civiles hace falta algo más.

“Muchas veces la gente escribe sobre Historia como si ocurriera hace mucho tiempo y eso no es muy interesante”, comenta, “es mejor escribir como si hubiera pasado ayer”. Por ello, sus libros-cronogramas (plasmados en grandes murales para sus conferencias) van acompañados de hechos históricos presentados con el formato de noticias de un periódico.

Pide un ayudante para desplegar uno de sus libros murales. Cristina, una colegiala sonriente de larga melena, tira de uno de los extremos y se despliega un cronograma de dos metros de largo con cientos de ilustraciones. Los escolares lanzan un “¡ooooooh!” unánime y se inclinan sobre sus sillas para verlo más de cerca.

Lloyd suele decir que la curiosidad es el antídoto del aburrimiento, así que despliega todo su arsenal para captar la atención. No es la charla de Shakespeare, pero deja car un adelanto de su siguiente charla. Camina hacia el mural de la derecha. Ahí están las obras del bardo de Avon en viñetas. Se puede seguir un orden lineal, o bien elegir un orden temático. “Cuando todos los lugares están en uno ocurren cosas mágicas”, anuncia. Saca su bastón y, con un gesto de maestro de esgrima, apunta a una viñeta del mural: “Los fantasmas de Shakespeare”. Va de viñeta en viñeta, del fantasma ce Julio César al fantasma de Hamlet. Los colegiales miran con los ojos redondos, pero tendrán que esperar a la siguiente sesión para saber más de fantasmas, celos, amores condenados y otras historias.

El cronograma no es su único recurso. Un bastón a modo de puntero y la toga con bolsillos de colores hacen el resto. Lo mejor para que alguien comprenda una historia es hacer que se ponga en el papel de sus protagonistas. Pide un voluntario y levanta la mano uno de los mayores, un niño alto y rubio que queda perfecto para el papel que va a desempeñar. Lloyd no usa powerpoints porque hacen que los conferenciantes dejen de recordar las cosas. Él prefiere relacionar los acontecimientos con los objetos que guarda en su toga. Pide al chico que saque algo del bolsillo gris plateado. Todos miran intrigados. Es una corona.

El niño se pone la corona y automáticamente se convierte en el rey Juan Sin Tierra. Como el rey tirano que es, el recién coronado tiene que empezar a tomar decisiones arbitrarias. Primero prohíbe que el público se siente, así que todos se quedan de pie. Luego prohíbe los móviles y da la impresión que empieza a cogerle el gusto a eso de prohibir cosas. La gente, de pie y sin teléfonos, empieza a mirarle mal. Lloyd invita de nuevo a la pequeña Cristina, que en esta ocasión sale a escena en el papel de noble soliviantada. Le pregunta cómo se siente y ella dice que enfadada por tanta prohibición. La niña mete la mano en el bolsillo rojo, que es el color del enfado y, ¡sorpresa!, hay una daga. La causa de Cristina gana adeptos y se le suman otros dos insurgentes, vestidos de uniforme escolar y espada en mano. La tragedia se masca en el ambiente. La conclusión queda clara: si el rey Juan quería evitar acabar bastante mal, debía dejar de abusar y acceder a las peticiones de los nobles, que estaban cansados de tanta opresión.

Es el principio de la historia. No vamos a desvelar más secretos porque ver las cosas en persona es mucho mejor. La invitación está sobre la mesa y si la aceptan, no se arrepentirán. Si no tienen la suerte de estar cerca de Gibraltar estos días, busquen uno de los vídeos de Christopher Lloyds en internet[3] o alguno de sus libros y prepárense para un viaje apasionante.