La Línea de la Concepción celebró su CXLIX aniversario con un pleno extraodinario

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Con asistencia de autoridades, invitados, la corte juvenil y numeroso público, la corporación municipal de La Línea de la Concepción ha celebrado este mediodía un pleno extraordinario para conmemorar el CXLIX aniversario fundacional de la ciudad. Han acudido, entre otros, el coordinador de la AGE en el Campo de Gibraltar, José Medina; la subdelegada de la Junta de Andalucía en la comarca, Eva Pajares, y representantes de la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
El discurso institucional ha sido pronunciado por Fernando Aragón, persona designada por La Línea 100×100, grupo municipal al que este año correspondía ofrecer dicha disertación.
Como es tradicional, la sesión finalizó con el pasodoble dedicado a La Línea “Española y gaditana”. Después se realizó una fotografía de grupo ante el edificio Saccone, actual Museo Cruz Herrera. A continuación, en la glorieta Carlos III se izó un año mas la bandera de la ciudad, acto en el que particoparon el alcalde, Juan Franco; el portavoz del grupo municipal socialista, Juan Chacón; Fernando Aragón y la reina juvenil, Carmen García.

++Currículum Vitae

Nacido y residente en La Línea, Fernando Aragón Rodríguez tiene 63 años de edad. Es maestro de vocación y de profesión. Ejerce actualmente y desde hace 25 años como director del CEIP Pablo Picasso. Ha pertenecido como representante de la administración educativa a distintos órganos colegiados, entre otros, el Consejo Escolar Provincial, Consejo de Dirección del CEP, secretario de la Comisión Local de Escolarización, entre otros. Actualmente es el secretario del Consejo Escolar Municipal.
En el ámbito político es militante del PSOE, partido en el que ha desarrollado distintos cargos, tanto orgánicos como institucionales. Fue concejal y teniente de alcalde en los gobiernos municipales iniciados en 1987 y1991, siendo alcalde Salvador Pagán. En ellos fue el responsable, entre otras tareas, del área de Educación y Cultura, presidente del Área de Coordinación y Presidencia y Portavoz del Grupo Municipal Socialista.
Durante el mandato de 2015 a 2019, regresó por tercera vez a la corporación como concejal del PSOE, esta vez en la oposición. Fue portavoz adjunto del Grupo Municipal y el responsable de los temas educativos.

**Discurso íntegro

“Sr. Alcalde presidente de nuestro Ayuntamiento, miembros de la Corporación, autoridades, representantes de colectivos y entidades, señoras y señores:
Es para mí un honor el poder dirigirles unas palabras en esta ocasión tan solemne, en la que celebramos el 149 aniversario de la fundación de nuestra ciudad. Mi más sincero agradecimiento por haber confiado en mi persona para tan alta responsabilidad.
En primer lugar, quiero trasladar mis felicitaciones a la recién constituida Corporación, y especialmente a nuestro Alcalde, Juan Franco, por los extraordinarios resultados obtenidos en los pasados comicios municipales. El apoyo a una gestión y a un programa electoral, pocas veces ha estado tan masivamente respaldado. Enhorabuena.
La Línea, gracias a esos resultados, ha pasado a ser una pieza clave para el gobierno de Diputación y Mancomunidad. Seguro que Mario Helio Fernández y Juan Domingo Macias, sabrán rentabilizar esa privilegiada situación en ambas instituciones.
A todos y todas os deseo mucho éxito en la ilusionante, pero difícil tarea que tenéis por delante. Porque vuestro éxito es el éxito de La Línea y La Línea debe estar por delante de cualquier otra consideración para todo hombre o mujer que sea concejal de nuestro pueblo, independientemente del partido al que pertenezca.
Supone para un linense una decisión complicada, el elegir un tema a desarrollar en una ocasión como esta. Múltiples aspectos pueden ser abordados pero, dada la nueva encrucijada en la que nos encontramos ante el imprevisible y desconcertante Brexit que se nos viene encima y que supone una nueva amenaza para nuestro pueblo, he considerado oportuno dedicar esta intervención a ofreceros un repaso somero a lo que ha supuesto la relación de La Línea con Gibraltar a lo largo de nuestra corta pero intensa historia.
Estimo imprescindible que para entender la forma de ser de La Línea, tenemos que acudir a sus orígenes como población. Esos orígenes marcarán su razón de ser, su filosofía de vida y su propio devenir histórico.
La Historia con mayúsculas, siempre está formada por la suma de muchas pequeñas historias personales y familiares que configuran la narración general colectiva.
Permítanme que, en alguna ocasión, a lo largo de esta intervención, como ejemplo de esas historias más pequeñas, haga referencia a circunstancias vividas por mi familia. No porque mi familia sea singular o merezca ninguna referencia especial, sino para que nos sirva como muestra de lo que muchos linenses/as tienen grabado en sus memorias familiares, que en definitiva son las que se trasmiten de padres a hijos.
Son esas historias con letra minúscula que no se estudian en los libros, pero que marcan el sentimiento de pertenencia, en primer lugar a una familia y segundo lugar, a un pueblo.
Sin profundizar en grandes detalles, recordaremos sucintamente que en 1700 muere sin descendencia Carlos II, Rey de España. Ello provoca una guerra de sucesión en el trono español entre Los Austrias y Los Borbones. En esa guerra se pierde Gibraltar en 1704.
La guerra termina en 1713 con la firma del famoso Tratado de Utrech, donde se consolida la pérdida de Gibraltar y el ascenso al trono de Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón.
Ante esa circunstancia se producen tres asedios a Gibraltar con el intento de recuperar la plaza. Después del primer asedio (1704-1705) empezaron a llegar hortelanos y comerciantes para abastecer a las tropas.
A partir del segundo asedio (1727) se inició la construcción de una línea defensiva compuesta de una gran muralla que unía los fuertes de Santa Bárbara (playa de levante) y San Felipe (playa de poniente).
A esta construcción militar, embrión de la futura ciudad, que tenía como fin que los ingleses no aumentaran su territorio, así como ser utilizada para un posterior asedio, se la llamó “Línea de Contravalación de la Plaza de Gibraltar”.
Esta línea fortificada participó en el tercer y último asedio (1779-1783) con un gran ejército detrás de la Línea y el bloqueo por mar a cargo de la Armada. El asedio se levantó sin obtener ningún resultado.
Esas construcciones militares, serían hoy en día señas de identidad irrefutables de un pasado histórico y supondrían un enorme elemento motivador para atraer a multitud de visitantes a nuestra ciudad.
Pero aquí empezó nuestro pueblo a padecer las llamadas “políticas de estado”. En 1810, “La Línea de Gibraltar” fue destruida durante la Guerra de la Independencia Española. Fue destruida por ingenieros ingleses para evitar un posible ataque francés a Gibraltar.
Detrás de esas ruinas comenzaron a asentarse civiles que construyeron chozas y barracas… Poco a poco el asentamiento fue creciendo hasta que 1870 los habitantes de esta aldea, que contaba con 330 vecinos, solicitaron y consiguieron la segregación del término municipal de San Roque.
El 20 de julio de 1870, hoy hace 149 años, tiene lugar la constitución de este Ayuntamiento, que tuvo como primer alcalde a Lutgardo López Muñoz.
Como consecuencia de un largo periodo de paz con Gran Bretaña, fueron surgiendo más y más edificaciones, aunque muy modestas y rudimentarias. Sus habitantes que ejercían actividades relacionadas con la colonia, provenían del resto de la comarca, de Andalucía y de otras zonas del extranjero como Génova, Malta o Portugal.
Este asentamiento de la nueva población se vio favorecida por el creciente comercio, la mano de obra, que ya desde entonces necesitaba La Roca y la cesión de terrenos realizada por la autoridad militar, a cambio de que se cultivase.
La Línea empieza a ser una “ciudad de esperanza” para muchas personas, que intentando mejorar su calidad de vida, deciden dejar todo atrás y venir al encuentro de la prosperidad familiar. Situaciones actuales nos recuerdan las de aquella época…
Unas de esas personas fueron mis tatarabuelos maternos, Catalina Pipo y Bartolomé Nápoles. Llegaron de Génova con sus hijas Magdalena y María. Eran hortelanos, unos de los que trabajaban en los más de 150 huertos que se explotaban en La Línea.
Por adjudicación tácita del Excelentísimo Ayuntamiento, recibieron un terrero. Comprobado en el Registro de San Roque, consta tal finca con el nº 962 y fue inscrita el 4 de Abril de 1873 en dicho Registro de la Propiedad. La propiedad estaba valorada en 300 pesetas. Hoy el pasaje “La Genovesa” todavía nos recuerda la existencia de aquel huerto.
Después de 146 años, tengo el privilegio de seguir viviendo en un pequeño trocito de lo que fue en su día un gran huerto. Ahí han vivido también mis abuelos y mis padres…Ahí he nacido y me criado yo…
A partir de esos orígenes ya vamos atisbando que La Línea no se entendería sin Gibraltar. Esa circunstancia le imprime carácter y le configura una singular forma de ser y de entender la vida.
Con un ritmo intenso, La Línea va creciendo. En el año 1900 ya contaba la ciudad con 31.862 habitantes. En treinta años la población se había multiplicado casi por diez. Además de las ocupaciones anteriormente mencionadas, no podemos olvidarnos de la actividad pesquera de las barriadas de La Atunara, Castillo España y el Espigón. Factor común de estas zonas era la dureza del trabajo dado de los medios que disponían. Al no poseer refugios o instalaciones adecuadas, las embarcaciones habían de ser llevadas por el propio esfuerzo físico de los tripulantes.
Como curiosidad, mencionar también algunas de las industrias que funcionaban en aquella época: salazones de pescado, fábricas de aguardiente, de cerveza, de gaseosas, pero la principal fue una importante fábrica para la elaboración de tapones de corcho propiedad de los Señores Larios Hermanos. Fue la primera en España y llegó a tener mil operarios. Tenía en sus instalaciones, hasta una escuela de primaria donde asistían los hijos de sus trabajadores.
En las primeras décadas del siglo XX La Línea experimenta las transformaciones fundamentales que hará de ella una ciudad propia de los nuevos tiempos: proliferación de nuevas calles triplicando su número, inicio del sistema de alcantarillado, incipiente abastecimiento de agua, alumbrado público eléctrico, mejora de caminos vecinales, asfaltado de algunas calles…
Un tío abuelo mío fue alcalde durante unos meses en el año 1923. Hablo de Antonio Ríos Nápoles, alcalde número cuarenta de los setenta y seis que hasta ahora ha tenido nuestro municipio. Ese año fue políticamente muy convulso, ya que hasta cuatro personas ocuparon la alcaldía en ese corto periodo de tiempo.
Gibraltar sigue siendo su motor de crecimiento. Las relaciones de ambas poblaciones eran fluidas y estrechas. Incluso, dada la escasez de escuelas en nuestro pueblo, numerosos jóvenes linenses, mi madre entre ellos, acudían diariamente a colegios de Gibraltar, principalmente a los “Christian Broters” (Hermanos Cristianos). Los matrimonios entre linenses y gibraltareños o incluso con ingleses eran muy frecuentes. El padre de mi amigo Enrique Emberley era oficial inglés del Cuerpo de Bomberos y su madre, una linense de las muchas que diariamente trabajaban en la colonia.
Esta situación se trunca con la sublevación fascista y el comienzo de la Guerra Civil. Era el inicio de nuestra Feria. Mis abuelos paternos Fernando Aragón y Beatriz Haro, vivían en el patio conocido popularmente como el patio de “Juanito el sastre” frente al Cuartel de Ballesteros. Desde primera hora de aquel 18 de julio, se percibía un movimiento anormal de tropas en el cuartel. Los rumores del golpe se extendían sin saber con exactitud lo que estaba pasando. La inquietud entre los vecinos iba en aumento…
Mi abuelo estaba, como habitualmente, trabajando en Gibraltar. Era chofer de una acomodada familia inglesa. Un sargento de infantería, muy amigo de mi familia, cruzó la calle y con mucha discreción le comentó a mi abuela que la situación se estaba complicando mucho, que iban a empezar a repartir armas y que no se sabía lo que podía pasar…
Mi abuela, tomó a sus hijos de la mano y – contaba ella – sin arreglarlos, aunque era feria, salió corriendo al encuentro de mi abuelo que regresaba, a la caída de la tarde, del trabajo. Lo abordó en el Campo Neutral y le contó lo que estaba pasando… Le rogó llorando que no entrara en La Línea y que todos se quedaran en Gibraltar… Mi abuelo, en principio reacio, finalmente cedió. Esa decisión probablemente le salvó la vida.
Todos fueron acogidos por la familia donde trabajaba mi abuelo. Fueron instalados en la buhardilla de la casa y allí permanecieron refugiados y trabajando, hasta unos años después de la finalización de la Guerra Civil.
Mi abuelo no militaba en organización violenta revolucionaria alguna, pero era, como otros muchos linenses, miembro de la masonería, pertenecía a la Logia Acacia. Muchos de sus hermanos fueron encarcelados y fusilados.
Hace pocos años, tras ponerme en contacto con el Centro Documental de la Memoria Histórica, me remitieron toda la documentación del “Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo” referida al encausado Fernando Aragón Crespo. Entre los documentos que formaban parte del expediente, consta una carta del Obispo Ricardo de Gibraltar que intercedía por mi abuelo y que fue muy importante para que, años después, fuese indultado y pudiese volver a La Línea.
En esos primeros tiempos de la guerra, un gran número de linenses, al igual que mi familia, se trasladaron a Gibraltar.
Gibraltar supuso una tabla de salvación, sobre todo para los que ya trabajan allí. Otra historia es el comportamiento que las autoridades británicas tuvieron con nuestros exiliados republicanos, comportamiento que dejó mucho que desear.
Luego, la dura postguerra. Aquí, más suave que el resto de España pero no por ello exenta de dificultades y sufrimientos. Y la larga etapa del franquismo, sujeta a los altibajos de la política de estado que iba marcando, según convenía, la intensidad de la reivindicación española sobre la soberanía de Gibraltar.
Los linenses, como siempre, iban sufriendo en la frontera las consecuencias de esas políticas. Trato desconsiderado y largas colas para aquellos que acababan sus duras jornadas de trabajo y regresaban a sus hogares en La Línea.
Pero había que aguantar, no había otra cosa… El pasaporte de trabajo a Gibraltar era un privilegio que les permitía a aquellos linenses poder sustentar a sus familias.
En aquel contexto, mi padre que desde casi su infancia trabajó en Gibraltar, era muy aficionado al fútbol y seguidor constante de la Balona, me contaba que en una ocasión durante un partido, como desde el graderío, el público increpaba al árbitro por una decisión tomada que perjudicaba a nuestro equipo. Las protestas iban en aumento y empezaron a caer al campo las “almohadillas” que se usaban por aquel entonces… Una pareja de la Policía Armada que estaba de servicio en el campo, se levantó haciendo gestos para que la gente se callase… No le hicieron caso y continuaron los gritos… entonces uno de los dos policías se dirigió aleatoriamente a un aficionado y le pidió el pasaporte… delante de todos se lo rompió y lo tiró al suelo… El silencio que se hizo a continuación fue sepulcral…
Efectivamente el pase, legalmente, podía ser retirado por “mal comportamiento”… Perder el “pase” era condenar a una familia al desamparo.
La vida del trabajador en Gibraltar no era fácil. Siempre fueron utilizados como herramienta de presión contra la colonia. Allí ganaban menos que los llanitos, pero más que en España. A veces eran segregados y hacían jornadas larguísimas ya que muchísimos trabajadores tenían dos y hasta tres trabajos parciales, todos ellos a base de ampliar la jornada laboral diaria.
En 1952 se crea el Sindicato de Trabajadores Españoles de Gibraltar, al cuál era obligatorio pertenecer. Ya no se concedieron nuevos pases. Las bajas por fallecimiento o jubilación no serían cubiertas. Poco a poco les fueron estrechando el cerco. Se prohibieron los “mandaos” mercancía para uso personal. Ni siquiera podían volver con lo que les había sobrado del “costo”, su propia comida que llevaban al trabajo. Se les prohibió pasar la frontera en bicicleta… Y como antesala del cierre total, se les retiró el pase a las dos mil mujeres que trabajan en la colonia.
Mientras que en España se fomentaba la emigración, aquí se restringía. De unos 13.000 trabajadores se pasó a unos 4.800 en 1969.
Cerrado el escape de Gibraltar la emigración se dirigió a otros lugares de Europa, preferentemente a Londres. En la capital inglesa se llegaron a congregar varios miles de linenses.
Ya en democracia, durante muchos años, el Ayuntamiento de La Línea organizó anualmente el “Día de La Línea en Londres” y esa “comunidad en el exilio” elegía su propia dama que formaba parte de la elección de nuestra Reina de las Fiestas…
El 8 de junio de 1969, recientemente se ha cumplido el 50 aniversario, tiene lugar la funesta decisión, adoptada por el gobierno del General Franco con su ministro de Asuntos Exteriores Fernando María Castiella a la cabeza, de, sin previo aviso, cerrar la frontera y aislar a Gibraltar completamente. Se suprimen hasta las comunicaciones telefónicas. Esa nefasta decisión abrió una profunda brecha de trece años de aislamiento y distanciamiento que aún dista mucho de estar cerrada.
Tremendo mazazo para La Línea. El cierre, provocó un éxodo de 30.000 personas de nuestro pueblo. Hundimiento económico total y dramática situación de multitud de familias que quedaron separadas y aisladas por completo. Sin duda alguna, se produjo un segundo Muro de Berlín…
Para llegar a Gibraltar había que ir a Algeciras y tomar el barco a Tánger. Una vez en Tánger había que volver a tomar otro barco a Gibraltar. El coste del viaje no estaba al alcance de cualquiera.
Así que para la mayoría de la población, el único modo de saber de su gente que había quedado en Gibraltar, era mediante los encuentros familiares en uno y otro lado de la verja. En un determinado día y a una hora concreta, las familias, a gritos y por turnos para no estorbarse, iban intercambiando las noticias familiares. Los días de fuerte levante era casi imposible comunicarse…
Mi padre, como muchos otros, se compró unos prismáticos para poder acercar la imagen de mi abuela, de sus hermanos y sobrinos… De esta manera tan inhumana, mi abuela se enteró del fallecimiento de su hermana…
Como este pequeño relato que os detallo, porque lo viví en primera persona, miles de linenses las sufrieron también en sus carnes… ¡Cuánto ha sufrido este pueblo nuestro…!
Las promesas que el ministro de Exteriores les hizo a los trabajadores de Gibraltar quedaron en agua de borraja. Las ayudas fueron mínimas y la mayoría de los trabajadores se vieron obligados a aceptar puestos de conserjes o celadores por toda la geografía española. Mi padre fue destinado de celador a la Residencia Sanitaria de Sevilla. Mi amigo Juan Rodríguez se marchó a Cuenca porqué allí destinaron a su padre Luís. También amigos de dos generaciones fueron separados y obligados a emigrar.
Las industrias que se instalaron para que nos ilusionáramos con un medio de vida propio fueron otro gran engaño… El tan publicitado “Plan de Desarrollo para el Campo de Gibraltar” fue una auténtica estafa. Posteriormente la gente lo calificó como “el cuento de la lechera”.
Cuantas ilusiones creadas en aquella visita del 22 de junio de 1968, que efectuaron los entonces príncipes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía a la planta piloto que Confecciones Gibraltar” había instalado en el antiguo cine Trimope de la calle Jardines…
Hasta se hace una emisión especial de sellos con una sobretasa de 50 céntimos para ayudar a las familias, que el cierre de la frontera deja sin medio de vida…
Fábricas publicitadas hasta la saciedad por un gobierno franquista que enviaba continuamente visitas de ministros y personalidades para dejar patente el milagro que estaba sucediendo… El buque insignia de esas industrias fue la mencionada Confecciones Gibraltar. Mi hermana Luisi y mi tía María trabajaron en ella.
Poco dura la alegría en casa del pobre, dice el refrán… Todos los proyectos fracasaron. Cientos de millones de pesetas se perdieron sin rentabilidad alguna… Confecciones Gibraltar quebró y desapareció. Otras como Convelsa, dedicada a la industria conservera de vegetales, se montó con maquinaria inutilizable y no llegó ni a ponerse en funcionamiento. Tampoco llegó a inaugurarse la fábrica de Laminados de Fibras.
Nuevamente asesinaron las ilusiones de nuestro pueblo.
De aquella época nos quedan las ya obsoletas instalaciones deportivas de la llamada entonces “Ciudad Deportiva Francisco Franco” y su estadio de fútbol “José Antonio”… Y el recuerdo de aquel España 6 – Finlandia 0. Propaganda de un Régimen para proyectar una imagen de progreso irreal y ocultar la triste realidad.
La llegada de la democracia no supo arreglar la relación con Gibraltar con celeridad. Los alcaldes Paco Niebla, primero de la democracia, y Juan Carmona lucharon para que se restablecieran las comunicaciones con nuestros vecinos y familiares.
Hasta el 14 de diciembre de 1982, bajo el gobierno socialista de Felipe González, no tuvo lugar, “por razones humanitarias”, la apertura peatonal de la frontera. Seguro que muchos de los aquí presente, que tengan una edad claro está, estuvieron al igual que yo, presenciando aquella noche el histórico acontecimiento, aquella noche de fiesta en la que esperábamos que diesen las doce, no para las campanadas y las uvas, sino para que se abriese la verja
Y La Línea, vuelta a empezar… Paulatinamente se van normalizando las relaciones, se permite el tráfico rodado, los trabajadores/as vuelven a las faenas del Peñón… Entramos en la noche de la marmota… Todo vuelve a empezar… Y otra vez las colas dependen de los gobernantes de turno de Madrid y de su nivel de exaltación reivindicativa de la soberanía española. Nada nuevo bajo el sol.
Pero la situación de nuestro pueblo no varía… Un pueblo sin recursos que necesita que se le reconozca su singularidad y se le apliquen medidas especiales.
Estas peticiones son tan crónicas como inefectivas. Ya en 1982, siendo alcalde Juan Carmona se solicitó una Carta Económica Especial para nuestra ciudad.
En 1991, siendo alcalde Salvador Pagán se elaboró el documento que se denominó “Deuda Histórica”. A esa corporación tuve el honor de pertenecer y fui testigo acompañando a mi alcalde, de las múltiples gestiones que se realizaron y de las reuniones mantenidas en Madrid.
Yo que en treinta años, he tenido el honor de pertenecer a esta Corporación Municipal durante tres mandatos; dos en el equipo de gobierno socialista y una tercera ejerciendo las tareas de oposición, os puedo asegurar que si ha habido un denominador común en todas ellas, ha sido el trasladar a instancias superiores esa necesidad de trato singular que necesita y “se merece” La Línea, después de haber soportado sobre sus únicas espaldas el peso de la política de estado con Gibraltar durante tantos años.
Necesitamos alternativas para forjar un futuro, que sin volver la vista a Gibraltar, con quien siempre aspiraremos a tener unas relaciones fraternales e igualitarias, seamos capaces de atisbar un horizonte propio que nos permita salir de la espiral en la que estamos atrapados. Un futuro en el que consigamos sacudirnos definitivamente la lacra del contrabando atávico y del narcotráfico actual. Un futuro limpio de esa preocupante contaminación que nos amenaza.
Y ese futuro se construye con medidas que ofrezcan alternativas viables y reales para todos nuestros ciudadanos/as y especialmente para aquellas personas, sobre todo para aquellos jóvenes, que ven como único proyecto de vida la actividad fuera de la ley.
Apoyamos y agradecemos a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y a la Policía Local, dentro de sus competencias, su dedicación, esfuerzo y sacrificio, pero nuestros gobernantes deben de entender que La Línea necesita más.
También debemos decir sin pudor que La Línea evidentemente pertenece al Campo de Gibraltar, que nadie ponga en duda su espíritu comarcalista, pero La Línea no es una población más de la comarca. La Línea ha sido, es y será, en caso de que el Brexit se lleve a cabo de forma no adecuada, la principal afectada por el tema de Gibraltar.
No es de recibo que en el último Plan de Actuación para el Campo de Gibraltar de fecha 16 de Noviembre de 2018, a nuestro pueblo solo le haya correspondido, de entre las medidas relevantes, un Juzgado y el incremento de medios policiales. Ambas medidas son importantes, pero también son a todas luces insuficientes. La sensación de decepción es aún mayor por el agravio comparativo con el resto de poblaciones de la comarca que sí obtienen unas inversiones y beneficios mucho mayores que los de La Línea, siendo ésta la población más necesitada del conjunto de las del Campo de Gibraltar.
Efectuado este repaso histórico, puede parecer a cualquiera que no nos conozca que los linenses, con todo lo que tenemos encima, somos un pueblo triste. Nada más lejos de esa afirmación. La Línea es un pueblo que ha tenido el mérito de soportar todos los avatares, con un sentido de la vida envidiable.
En una entrevista que el periodista Marcial Pérez le hace a Ángel María de Lera, escritor y premio Planeta, que vivió en nuestro pueblo desde 1929 hasta la Guerra Civil, afirma: La Línea me supuso ver un mundo absolutamente diferente. Al llegar a La Línea descubrí una ciudad libre, llena de sol y de alegría y con unas costumbres totalmente nuevas. Era un lugar abierto a cuantos llegaban allí. Nadie les preguntaba de dónde venían ni quiénes eran; inmediatamente te abrían las puertas de su amistad.
Esas palabras definen notoriamente la forma de ser del linense. Así eran nuestros paisanos en aquella época y así seguimos siendo ahora. Nuestro pueblo es un pueblo abierto y acogedor. Tan acogedor que un maestro llegado de Melilla, Salvador Pagán, fue nuestro alcalde durante más de ocho años… Llegó y como tantos, se encontró tan en su casa, que ya no se marchó nunca…
Esto mismo lo siguen afirmando cada año, los funcionarios docentes que llegan a La Línea llorando porque creen que le han dado un mal destino y se marchan llorando porque no se quieren ir… Testigo soy de ello.
Juan Manuel Ballesta señala entre los rasgos positivos del linense el “ser hospitalario, solidario, generoso, patriota, extrovertido, alegre, bullanguero, callejero, amante de las fiestas populares y con gran capacidad para soportar los traumas de la emigración y las adversidades”.
No he encontrado mejores palabras para poner fin a mi intervención que la definición que del “linense” hizo nuestro querido amigo y compañero de Corporación Francisco Tornay, Paco Tornay. “La Línea es un pueblo permanentemente abierto a la esperanza, que vive ilusionado con el futuro, aunque el presente siga siendo duro y hostil…que está acostumbrado a luchar contra la adversidad… que olvida sus penas y sus problemas derrochando cordialidad.”
Muchas gracias por la atención que me han prestado.
Por el futuro de La Línea:
¡VIVA LA LINEA!”.