Nueva exposición de STOA Gallery Estepona, “Memorias de oro” una individual del artista suizo Franco Scalese

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Es la primera exposición individual del artista suizo Franco Scalese en la galería STOA, aunque ya participó en 2015 en una exposición colectiva, “Vértices de la Pasión”, comisariada también por Conchi Álvarez. Ya entonces se mostraron sus dos facetas artísticas, pequeñas esculturas que podríamos llamar “objetos escultóricos”, piezas donde la yuxtaposición de elementos se convierte en arte exquisito y elegante, y una magnífica pintura-instalación. En esta ocasión son mayoría las pinturas. Como entonces, son pinturas-collages, trece obras de pequeño y mediano formato, de un rotundo expresionismo. Yuxtapuestas a ellas, pues formal y estilísticamente son completamente distintas, las esculturas, siete “objetos escultóricos”, realizadas en resina. La mayoría de las obras han sido pensadas y ejecutadas expresamente para esta exposición en STOA, y todas ellas tienen como hilo conductor el pan de oro en forma de partículas que cubren todas las superficies.

“Memorias de oro” es una narración expresionista sobre un tema universal y atemporal, la memoria, y al mismo tiempo personalísimo, el recuerdo, las vivencias más subjetivas. A lo largo de la muestra se plantea la ambivalencia perenne entre los recuerdos bellos y amables, y las memorias amargas, oscuras y dolientes. Y las obras pertenecen a uno u otro universo, que es el del propio artista, una personalidad en la que confluyen su origen italiano, mediterráneo, católico, y su formación y vivencia zuriquesa, de fuerte componente germánico, calvinista.

Todas las esculturas describen la mirada al pasado desde la atalaya de una remembranza alegre y nostálgica, son memorias áureas, objetos elegantes en los que fotografías antiguas se sumergen en una viscosidad transparente y dorada para recordarnos lo que decía Jorge Manrique, “…cualquiera tiempo pasado fue mejor”, porque todo momento congelado, premeditado y posado, siempre muestra lo mejor, sólo una parte, la que queremos enseñar y, al mismo tiempo, la que deseamos creer, a la que nos aferramos para sentir que hay esa parte amable y encantadora en nuestra historia. Franco Scalese recuerda las casi leyendas y relatos que su abuela le contaba y, una vez aprehendidos, interiorizados, formando parte de su yo más íntimo, como una segunda piel, emergen en su arte en ese ritual mágico de mezclar elementos y, como genial demiurgo, conseguir piezas elegantes y enigmáticas. Son obras que atraen por su sabor antiguo y esa sensación de “déjà vu” que nos provocan las fotografías antiguas.

Las pinturas muestran el otro lado, el del expresionismo más alemán, una intensidad en los sentimientos y sensaciones que rayan en el puro desgarro. Son pinturas-collages en las que esas fotografías antiguas están mutiladas y rasgadas, ahogadas en medio de una densidad pictórica asfixiante. Aquí las partículas de pan de oro pierden su sutileza y deambulan por la superficie como malintencionada lluvia de oro. A veces parece que Franco mantiene una lucha, primitiva e íntima, para superar las peores pesadillas, entonces aparecen pinceladas floridas y toques naíf que no consiguen sobreponerse al desasosiego que la obra provoca. Obras íntimas, pero tan universales, que podemos admirarlas y sentirlas como propias.