Pacientes y profesionales españoles de salud mental visitan el Clubhouse de Gibraltar

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Las comunidades Clubhouse, 333 en 33 países de todo el mundo, son entidades sin ánimo de lucro cuyo objetivo primordial es ayudar a personas afectadas por enfermedades mentales a que, una vez diagnosticadas y en tratamiento, puedan retomar su vida con normalidad mediante la reinserción laboral y la recuperación de las relaciones sociales. Una de estas comunidades está en Gibraltar desde 2013.

Dirigido por Emily Adamberry Olivero, Clubhouse Gibraltar[1] tiene sus instalaciones en Wellington Front aunque la entidad se mudará en 2016 a un nuevo local en Rosia Road. “Esperamos que esta sede, cedida en mayo por el Gobierno al igual que la actual y la primera que tuvimos, sea la definitiva. Estaremos allí en unos meses, pues el local tiene que ser acondicionado”, explica Tania Aguilar, subdirectora de Clubhouse Gibraltar, cuya comunidad la componen en estos momentos 107 miembros.

Con el fin de ayudar a estos enfermos, Clubhouse pone a su disposición diversas herramientas enfocadas al mundo laboral, la formación, la vida social y la vivienda. Así, Clubhouse es un centro de trabajo en el que estas personas pueden desarrollar tareas diversas, siempre de forma voluntaria: cafetería y cocina, limpieza y mantenimiento y administración, que incluye recepción y la edición de un boletín informativo. Entre 15 y 18 personas pasan a diario por Clubhouse Gibraltar, donde proliferan las campañas de concienciación sobre las enfermedades mentales.

“Con la realización de estas tareas, estas personas vuelven a tener contacto con el trabajo y se preparan para participar en nuestro programa ‘Empleo de Transición’. A través del mismo, empresas locales contratan los servicios de Clubhouse. Nuestros miembros tienen así la oportunidad de tomar conciencia de que pueden volver a su vida anterior a la enfermedad, de que pueden volver a trabajar”, puntualiza la subdirectora, que agrega que Clubhouse cuenta además con un programa de seguimiento. “Nosotros estamos junto a los enfermos hasta que se sienten de nuevo capaces de valerse por sí mismos. Una vez que caminan solos se activa este programa para ver su evolución”, expone.

Clubhouse abre sus puertas como centro de trabajo de lunes a viernes y cada sábado se celebra el Club Social, que consiste en que cada asistente aporta algo de comida y bebida y se desarrollan actividades lúdicas. “Aparte de eso programamos excursiones, vamos a la playa, a un concierto… Además, tenemos grupos de senderismo, pilates o cocina, con el fin de que los enfermos interactúen y amplíen sus relaciones sociales”, reseña Tania Aguilar.

Clubhouse Gibraltar, que recibe una subvención anual del Gobierno del Peñón y se nutre también de donaciones de particulares y organizaciones, tiene cuatro trabajadores. Además de la directora y la subdirectora, Kevin Fowler es el coordinador de programas y Justine Amraoui es personal de apoyo.

Tania Aguilar hace hincapié en que todas las comunidades Clubhouse del mundo funcionan de la misma manera, lo que significa que están interconectadas y se ayudan mutuamente. “Por otro lado y con el fin de intercambiar experiencias, Clubhouse International[2] se reúne cada dos años, al igual que Clubhouse Europe[3]”, apunta.

–Visitas a grupos españoles

Entre los países donde la iniciativa Clubhouse no está todavía plenamente implantada es España. No obstante, sí hay interés por su modelo de funcionamiento. Así, durante el año en curso Clubhouse Gibraltar ha recibido la visita de varios grupos de enfermos y profesionales españoles que querían conocer de primera mano cómo se trabaja en esta entidad.

“Han venido a vernos de la Comunidad Terapéutica Tomillar (Sevilla), Arcadia Clubhouse (Sevilla) –primer proyecto Clubhouse en proceso de constitución en España-, Comunidad Terapéutica Hospital de Valme (Sevilla) y grupos de usuarios de Algeciras y El Puerto. Nosotros les explicamos lo que hacemos y cuáles son las principales líneas de actuación. Ojalá este interés fructifique pronto y surjan otras entidades Clubhouse”, concluye la subdirectora.