STOA Gallery estará presente en la Feria Art Marbella 2018

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Evento: Feria de Arte ART MARBELLA 2018
Localización: STOA Gallery, estand G-11, Feria ART MARBELLA, Palacio de Ferias y Congresos de Marbella
Fechas: 21-25 julio
Horario: por la tarde, de 6 a 10,30

Artistas del estand de STOA: Eric Aman, Paz Aymerich, Astrid Sommer y Conchi Álvarez.
ERIC AMAN. Escultor francés afincado en Málaga. Se formó primeramente en su país y posteriormente en Italia, país en el que ha vivido 17 años, y en el que mantiene taller en Carrara. Sus esculturas de bronce, obras únicas, pertenecen a la serie “Iconología”, y están inspiradas en el libro homónimo de Cesare Ripa, el gran clásico del siglo XVII sobre la teoría de las imágenes. A partir del texto de Ripa elabora una mitología propia de seres antropomorfos que representan toda una galería de conceptos, estados de ánimo, virtudes, vicios, pasiones…o conocidos seres de la mitología clásica. Para Ripa toda alegoría debe ser enigmática, por eso Eric dota a sus obras de letras y signos que convierten estas piezas en epigráficas. Signos y letras de alfabetos antiguos no descifrados, o legibles, como el ibérico o el etrusco, cuya lectura es posible, pero no su traducción. Al igual que Ripa utilizó para su libro numerosas fuentes de información, destacando la mitología clásica, Eric recurre a múltiples canales, producto de su formación, eminentemente clásica.
ASTRID SOMMER. Artista mexicana cuyas pinturas pertenecen a la abstracción más colorista y vibrante. Vive y trabaja en México DF. Para Art Marbella presentamos una trilogía de acrílicos sobre lienzo: “Clementina” (díptico), “Bartola” y “Domitila” en las que la luz y el color invaden las telas. Obras del mundo de la abstracción, pero con notoria recurrencia al uso de elementos figurativos que conforman un “horror vacui” que recuerda, irremisiblemente, a los bajorrelieves y pinturas murales mayas. Obras pobladas de círculos, números, triángulos y un sinfín de elementos, aparentemente puestos por azar, pero con un notorio sentido antropomórfico, avalado por sus títulos, nombres femeninos que evidencian su amor al pasado mexicano y la tradición, constituyendo un estandarte reivindicativo frente a la importación de nombres y costumbres gringos. Pintora que crea de forma lúdica y espontánea sus piezas, esperando que sea la experiencia personal de cada uno, su bagaje personal, lo que guíe la lectura de sus acrílicos. Anhela que cada pieza comunique con el espectador, le “diga” algo sin estar mediatizado, apela a la capacidad de cada mirada para interpretar y descubrir qué es lo que pasa en cada lienzo y, mejor aún, qué es lo que eso provoca en cada uno.
La particular visión de dos artistas españolas, Paz Aymerich y Conchi Álvarez, que trabajan el género del paisaje urbano convirtiéndolo en escenario de una autobiografía nunca escrita:
PAZ AYMERICH. Madrileña, su pintura muestra un hábitat urbano oscilante entre el sosiego y la calma o el desasosiego más inquietante. Sus obras, acrílicos sobre tabla o lienzo están ejecutadas con frescura y pulsión espasmódica, con la soltura que aportan la espátula y la brocha reflejo de una alternante pasión e intensidad o bien profunda quietud espiritual fruto de una aprehensión de la realidad urbana que caracteriza su paisaje. Son composiciones del ámbito figurativo con una visión subjetiva, muy personal en las que predominan los enfoques lejanos, con perspectiva. Perspectivas lejanas en las que la línea del horizonte funde abrazos imposibles entre cielo y tierra en los que Paz logra momentos sublimes que invitan a soñar y reconciliarnos con la ciudad, pues consigue atmósferas corpóreas en las que se adivinan diálogos, murmullos, risas, llantos… que pasan a convertirse en la propia identidad de Paz.
CONCHI ÁLVAREZ. Artista y comisaria vallisoletana que vive y trabaja en Estepona (Málaga). Reinterpreta el género del paisaje urbano en una serie que denomina “Ensoñaciones urbanas”, acrílicos sobre tabla de un realismo mágico subjetivo y caprichoso, resultado de recorridos solitarios, sólo por ciudades vividas emocionalmente, y siempre en su casco histórico, lugar donde se concentra la historia urbana, donde la acción antrópica es más intensa, donde se superponen, a modo de estratos arqueológicos, capas, esencias y vivencias para trasladar a sus pinturas en clave de rutilante color. Momentos y espacios solitarios, sin gente, casi antropomórficos por esa fuerte carga emocional que parece emerger de una humanidad intencionadamente ausente, que parece haberlos vivido tan sólo para esperar ser revelados a la artista. Son rincones y espacios urbanos, saturados de color y desbordantes de luz, reflejo de ese viaje íntimo y solitario, a modo de Itinerario urbano, que es realidad un itinerario vital porque la mirada de la artista hacia la ciudad se torna en un espejo de su propia existencia, o de su propio anhelo, en un autorretrato en clave urbana.

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